Eugenia: Cuánto me alegro de haber causado ese placer! Pero querida amiga, hay una palabra que se te ha escapado y que no entiendo. ¿A qué te refieres cuando dices puta? Perdón, ¿lo sabes?, estoy aqui para instruirme.
Señora de Saint-Ange: Así se llama, preciosa, a las víctimas públicas del libertinaje de los hombres y mujeres, siempre dispuestas a entregarse al temperamento o al interés del otro; mujeres dichosas y respetables, a las que el mundo condena pero que la voluoptusidad corona, y que mucho más necesarias para la sociedad que las mojigatas, tienen el valor de sacrificar, en su servicio, la consideración que injustamente les niega esta sociedad. " Vivan aquellas a quienes honra ese titulo. Esas son las mujeres verdaderamente amables, las únicas que son realmente filósofas. En cuánto a mí, querida, que desde hace doce años trabajo para merecerlo, te aseguro que, lejos de molestarme me divierte. Es más, me gusta que me llamen asi cuando me corro. Esa injuria me calienta la cabeza.
El sufría por que era la última noche que la tendría entre sus brazos, que se escaparía para siempre, que a ella le dolía tanto amor. Ella se arreglaba de la noche lujuriosa ocultando y a la vez regocijándose en sus lagrimas ante el espejo. El intentaba concentrarse para no olvidarse de la última de vez que la tocó. Ella se fue, pero doliéndole.
Si, amigos, vivir a base de gin tonic parece ser el elixir de la eterna juventud. Aunque este combinado, solo apto para gargantas e hígados potentes y de derechas, tiene sus ventajas e inconvenientes. La principal ventaja es que puedes encontrarte con chulos clones de Lorenzo Lamas en los claroscuros de la noche. Lo ves, los idolatras, veneras el poderío de una barba imponente. Líquidamente tiendes a idealizarlo, por las rudas de sus maneras, pero en cuanto intentas un juego de miradas con él, se lo impide la tensión del cuello que le hace subir la mirada, porque el cerebro le ha mandado que se comporte dignamente. Esa simulación de la homosexualidad en la discoteca de ambiente granadina supone maniquíes adoradores de divas del pop, que se copian la una a la otra y desatarse la mano de la silla de anea en su pueblo para no alzarla por encima del codo. Hombres que insisten en adorarte y bailan detrás de ti, anchas espaldas y testosterona saliendo por la manga de la camiseta que tienen amigos gilipollas y cocosos. Maestros que te dicen es tu antihombre. Barbas y pechos que te miran fijamente y sordos a los que oyes de fiesta. Todo para irte dignamente pensando “no he pillao por que no he querido” y estar a punto de presenciar la pelea entre chonis ilustradas y una antigua loca del instituto con un nuevo nombre.
Por desgracia la vieron mis ojos y sentí una gran angustia por abandonar la gacela que me hizo prisionero a la sombra de las palmeras. Refrescaba su cuerpo con un cuenco de plata y al verme se cubrió el pubis, pero el pubis se asomaba entre sus manos. Oh! si pudiera calmar mis ardores en el.
Mira, ?quienes son esos?.
Esperad muchachos. ¿puedo leeros unos versos mios? los escribi hace muchos años cuando aun era casi tan joven como vosotros.
Sentado a la barra, doy un trago al gintonic y miro al espacio en penumbra del fondo, donde un grupo de hombres arremolinados en torno a un sling se ocupan de trabajarle el culo a alguien. El techno retruena en el local, oscuramente iluminado por la luz negra y velones rojos; me llegan los chorros de aire caliente que caldean el local. Bastantes tíos en la barra, y también en la pared de enfrente, en suspensorio o mínimamente vestidos, casi todos con botas. Algunos magreos y un tipo que se masturba sentado en un barril de Cepsa mirándome fijamente. Buen material. Me restriego el paquete para animarme. Enciendo un pitillo, cojo la copa y me levanto del taburete para echar un vistazo.
Voy recorriendo el largo de la barra y me voy cruzando con tipos que me repasan de arriba a abajo, como yo a ellos. Uno, al vuelo, me toca el paquete y le retiro la mano suavemente y sin pararme. En una antigua camilla ginecológica, un tío ofrece su culo a un chaval ocupado en lubricar una porra reglamentaria.
Subo las escaleras mientras compruebo que ya la tengo firme. Al llegar arriba, un montón de tíos deambulando y eligiéndose entre el murmullo de jadeos. Me abro paso entre un grupo que rodea a un chaval arrodillado: se la come a todos; suelta una, chupa otra, se mete dos. Le golpean con los cipotes en el hombro, en la cara, en la boca. Añado el mío y me lo come, mirándome a los ojos. Muy bien... Lo aparto suavemente; sigo mi camino.
Llego a la piss area, presidida por una enorme bañera antigua donde reposa un tío chorreando, con cara de colocón. Le acaricio la cabeza y me retiro; me apoyo en una pared. Alguien se acerca y mea al tío de la bañera, sin apenas mirarle, y le sacude en la cara las últimas gotas. Yo me la saco y me la meneo mirando a otro que se ducha en una alberca alicatada de blanco industrial, rodeado por otros hombres que también se masturban. El que se ducha está muy bueno, peludete y delgado. Me mola. Algunos le acarician el culo, las pelotas, todo. De repente, una mano me abraza la cintura. A mi lado, un cuerpo impresionante y una buena cresta coronando la cabeza. Dejo el vaso en un rincón del suelo. El punkarra me mira fijamente, me pellizca un pezón, lo aprieta y lo estira. Me quejo de placer; estoy cada vez más subido y me doy más caña con la mano. Me atrapa el otro pezón y se encara a mí, y me putea cada vez con más fuerza. Gimo y siento que estoy al límite. Dejo de tocarme; le miro y le hago el gesto de parar. Él me guiña un ojo y se aleja.
Me dejo caer en un taburete. La música es ahora mejor, house industrial del que me gusta. Recupero mi copa y la apuro de un trago.
Decido parar un rato para bajar el calentón, así que cruzo el pasillo de cabinas, cuyas cortinas se agitan al ritmo de los folleteos de sus ocupantes, y llego al chillout. Es un espacio cuadrado, con una bancada acolchada tapizada en piel negra a lo largo de las rejas que hacen de paredes. Algunos tipos sentados, fumando y bebiendo, toqueteándose unos a otros. Unos gemidos acompañan la música: un hombre enorme, vestido con unos chaps y un arnés, está montando violentamente a un chico de buen cuerpo que apoya la cabeza en la bancada. Otro hombre le acerca a la nariz el botellín de poppers y el chaval esnifa con la mirada ida, y separa las piernas un poco más. El otro empuja más y más fuerte; los gritos se redoblan. Me siento junto a ellos para hacerme un peta. Llevo el tabaco y el costo en la parte del calcetín que asoma de mis rangers. Lo lío y fumo tranquilamente mientras me toqueteo el rabo y me acaricio los pezones. Jadeo y fumo y me escupo en la mano y me mojo, y subo y bajo, jugueteo con los pezones. Hace más calor. El olor del sudor se mezcla con el del poppers. Me empiezo a colocar. Alguien me pasa un cubata para poder arrodillarse y comérsela a otro. Yo doy un trago largo. Uaah, de puta madre...
Me pregunto qué hora será: no más de las cuatro de la mañana. Aún hay gente por llegar al club. Doy la última calada con fuerza y disparo la colilla con la uña.
El tipo sentado frente a mí se corre en un espasmo y dispara al aire; brama de placer y vuelan las últimas gotas. Yo me levanto vacilante y me acerco a él, le paso la mano por el pecho mojado y me unto en la entrepierna. Me gusta apestar a sexo. Detrás, un aullido anuncia otro orgasmo y, al girarme, veo que el follador del arnés ha llegado al final rodeado de otros hombres que se tocan y aprietan y morrean entre sí. El chaval enculado se yergue con dificultad, y se va con paso vacilante hasta el rollo de papel para limpiarse entre los muslos. El grupo se va dispersando y el chillout se vacía. Opto por volver a la barra para despejarme un poco.
Otra vez en un taburete del mostrador repito gintonic mientras le acaricio la cabeza al chico que, arrodillado a mis pies, se afana en lamerme las botas. Por las cortinas de taquillas, están entrando varios tipos. Algunos con muy buena pinta. El chico levanta la vista y me mira; me inclino a besarle la frente y él continúa a lo suyo. Yo miro a los recién llegados. Dentro de poco, segundo round.
Usadme, violadme,destruidme, creadme después. Usadme, violadme,destruidme, dejadme caer,utilízame. No lo entiendo, no me importa, no me preocupa, no lo sé. Lo que va a suceder, ya ha sucedido, cálmate.
"...nos miramos mucho tiempo, a mí me picaban los ojos de no parpadear, sentí que me corría por la sien una lágrima y me dió la risa, un escozor irresistible me obligó a cerrar los párpados: había perdido el acostumbrado desafío . Esperé a que Juan dijera, como siempre: "te gané, no sabes aguantar". Pero en lugar de eso, noté que unos labios se posaban sobre mis mejillas con un pequeño chasquido. Me besaba.
Yo no abrí los ojos. Juan respiraba fuerte. Yo, también, pero no me oía. Me tomó la cabeza con las dos manos y la trajo hacía sí, para mí todo lo del mundo se había reducido a las manos de Juan, al jadeo de Juan, al calor de Juan que yo sentía bajo mi nuca. En aquel momento no recordaba nada. Ni sabía quién era yo. Pero sí que no me hubiera cambiado por nadie, por nadie..."
Estoy enamorado, es verdad, pero no de una forma normal; hay que ser muy cautos para no caer en peligrosas consecuencias, y así de enamorado solo se está una vez en la vida. Aunque el dios del amor es ciego, si uno es prudente se le puede engañar. El arte está, en relación con la emoción, en ser lo más perceptivo posible, saber qué impresión se da y que impresión se recibe de cualquier persona. De éste modo se puede estar enamorado de muchas personas a la vez, poruqe se puede estar enamorado de forma distinta a cada una de ellas. Amar a una sola persona es demasiado poco, amar a todas una superficialidad. Conocerse a uno mismo y amar a cuantas se pueda, dejar que nuestra alma esconda en sí todas las potencias del amor, de forma que cada una reciba el alimento que le corresponde , mientras la conciencia abraza todo, esto es gozo, esto es vida.